HUMILDAD A CAUSA DE LA ANGUSTIA
“…Ahora caminaré con humildad durante el resto de mis años a causa de esta angustia que he sentido.”
Isaías 38:15 (NTV)
Es curioso cómo la angustia y las dificultades de la vida nos llevan a reflexionar sobre nuestra condición humana y nuestra relación con Dios. Cuando todo marcha bien y los éxitos parecen constantes, podemos caer en el orgullo, la arrogancia o la insensibilidad hacia los demás. Sin embargo, en medio de la aflicción, nuestro corazón se ablanda y nos volvemos más conscientes de nuestra necesidad de Dios y de nuestra responsabilidad hacia los demás.
Tres efectos positivos de la angustia en nuestra vida espiritual
- Buscamos a Dios con más intensidad
Cuando estamos en angustia, nuestros corazones se vuelven más receptivos a la presencia de Dios. Oramos con mayor fervor, buscamos Su dirección y dependemos más de Él. La aflicción nos recuerda nuestra dependencia total de Su gracia y poder. - Cultivamos la humildad
Las dificultades nos enseñan que no somos autosuficientes. Reconocemos nuestras debilidades y vulnerabilidades, lo que nos permite abandonar la arrogancia y caminar con un corazón humilde delante de Dios y de los demás. - Desarrollamos mayor sensibilidad hacia otros
Al experimentar dolor, nos volvemos más empáticos y comprensivos con las luchas de los demás. Se nos facilita mostrar paciencia, bondad y generosidad, permitiendo que el fruto del Espíritu Santo crezca en nuestras vidas.
“Señor, tu disciplina es buena, porque lleva a la vida y a la salud. ¡Tú restauras mi salud y me permites vivir! Sí, esta angustia ha sido buena para mí, porque me has rescatado de la muerte y has perdonado todos mis pecados.”
Isaías 38:16-17 (NTV)
Piénsalo:
- ¿Qué lecciones has aprendido en los momentos de angustia que te han acercado más a Dios?
- ¿Cómo puedes mantener un corazón humilde y generoso en los tiempos de éxito y prosperidad?
- ¿Qué cambios puedes hacer hoy para ser más sensible y amoroso con las personas que te rodean?

