Si quieres ser contencioso
Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
1 Corintios 11:16 (RVR60)
En esta carta, el apóstol Pablo aborda un asunto que iba más allá de tradiciones o costumbres externas: el espíritu contencioso. Aunque el contexto inmediato del pasaje trata sobre orden en la adoración y la conducta dentro de la iglesia, su advertencia final toca una fibra profunda del corazón humano: hay quienes, más allá de buscar entendimiento o verdad, simplemente aman la controversia.
Pablo es claro. Si alguien quiere ser contencioso, es decir, buscar conflicto por costumbre o por carácter, las iglesias de Dios no practican ese estilo de vida. La contención permanente no es parte del ADN del Cuerpo de Cristo. Esto nos enseña que el Evangelio no solo transforma lo que creemos, sino también cómo nos relacionamos, cómo debatimos y cómo respondemos al desacuerdo.
1. El contencioso no busca edificar, sino imponer
Una persona contenciosa no está interesada en el crecimiento mutuo ni en la edificación de la iglesia. Quiere tener la razón, no edificar la unidad. Está más preocupada por demostrar su punto que por mostrar el amor de Cristo.
2. La contención constante revela un corazón inmaduro
El deseo de llevar la contraria por sistema, de buscar siempre una nueva discusión, es señal de orgullo, inseguridad o carencia de carácter moldeado por el Espíritu. El creyente maduro elige sus batallas, y sobre todo, elige la paz.
3. La unidad es más poderosa que tener la razón
La iglesia debe estar unida en lo esencial: Cristo, Su obra redentora, Su resurrección y Su regreso. En lo secundario, podemos tener diferencias sin romper la comunión. La unidad no significa uniformidad, significa respeto mutuo bajo el mismo Señor.
4. Hay lugar para las diferencias, pero no para el pleito
Los estilos de predicación, los métodos de adoración, la forma de vestir, la comida que preferimos… son diferencias culturales o personales. Pero cuando el amor reina, hay espacio para la diversidad sin necesidad de división.
5. Las iglesias de Dios no fomentan la cultura de la crítica destructiva
Pablo lo dice con claridad: “nosotros no tenemos tal costumbre”. Ser conflictivo no es parte del estilo de vida del creyente. El Reino de Dios se construye con humildad, mansedumbre y paciencia, no con sarcasmo, gritos o rivalidades internas.
6. El amor siempre debe ser el marco de nuestras relaciones
Pablo cierra el capítulo 13 de la misma carta diciendo: “la mayor de estas es el amor”. Y ese amor no solo se demuestra en lo espiritual, sino en cómo tratamos al hermano que piensa distinto. El amor no busca ganar, busca servir.
Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
1 Corintios 11:16 (RVR60)
Piénsalo:
- ¿Estoy alimentando debates innecesarios o edificando con mis palabras?
- ¿Estoy dispuesto a perder una discusión por ganar un corazón?
- ¿Qué puedo hacer hoy para sembrar paz y amor, aun en medio de diferencias?

