El corazón enfermo se prostituye

El corazón enfermo se prostituye

»¡Qué enfermo tienes el corazón!, dice el Señor Soberano, para hacer semejantes cosas comportándote como una prostituta desvergonzada.
Ezequiel 16:30 (NTV)

El libro de Ezequiel contiene algunas de las expresiones más fuertes y conmovedoras del corazón de Dios hacia su pueblo. En este versículo, el Señor confronta directamente a Jerusalén comparando su comportamiento con el de una prostituta desvergonzada. ¿La raíz del problema? Un corazón enfermo. Dios no solo ve las acciones, Él va directo a la fuente: el corazón. Esta enfermedad espiritual produce comportamientos vergonzosos, relaciones interesadas y decisiones destructivas. Muchas veces, lo que vemos como conductas desordenadas son síntomas de una profunda dolencia interior que necesita ser sanada.

  • Un corazón enfermo se vuelve insensible a la vergüenza
    Pierde la capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto. Comienza a justificar lo que antes le parecía ofensivo a Dios. Y así, termina en acciones sin límites ni conciencia.
  • Un corazón enfermo ama de manera interesada
    Cuando el corazón está dañado, el amor se vuelve manipulación. Las relaciones dejan de ser sinceras y se convierten en transacciones: “te doy, pero para recibir”.
  • Un corazón enfermo daña a los que están cerca
    No se queda en lo personal. La enfermedad del corazón se manifiesta en la familia, en la iglesia, en el trabajo… en todo lugar donde hay interacción humana.
  • Muchos pecados son el resultado de corazones heridos
    Violencia, infidelidad, engaños, robos, traiciones… muchas veces no son solo maldad pura, sino el fruto de un alma enferma, llena de amargura, inseguridad o abandono.
  • Dios desea sanarnos desde el corazón
    Él no solo quiere corregir nuestras acciones, quiere transformar el origen de ellas. Por eso, participar en una serie como “Decisiones que sanan” no es solo asistir a reuniones, es decirle a Dios: “Sana mi corazón para que mis acciones sean diferentes”.

»¡Qué enfermo tienes el corazón!, dice el Señor Soberano, para hacer semejantes cosas comportándote como una prostituta desvergonzada.
Ezequiel 16:30 (NTV)

Piénsalo:

  1. ¿Estoy viendo en mi vida o entorno comportamientos que podrían ser fruto de un corazón herido?
  2. ¿He justificado actitudes vergonzosas sin revisar lo que hay en mi interior?
  3. ¿Qué decisión puedo tomar hoy para invitar a Dios a sanar lo más profundo de mi corazón?
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