No soy nadie para condenar
¿Y qué piensan de los dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima? ¿Acaso eran los peores pecadores de Jerusalén? No, y les digo de nuevo, a menos que se arrepientan, ustedes también perecerán.
Lucas 13:4-5 (NTV)
En este pasaje, Jesús nos confronta con una verdad que nos pone a todos en el mismo nivel: todos necesitamos arrepentimiento. Nadie es mejor que otro, y nadie tiene autoridad para condenar. El pecado es pecado, y todos somos pecadores. Jesús no se enfoca en castigar a los que murieron, sino en advertirnos que lo más urgente no es señalar a otros, sino volvernos a Dios. Este mensaje no es de juicio, sino de compasión. Nos recuerda que el mismo perdón que yo necesito, también lo necesitan otros… y que yo no soy nadie para negarles la gracia que a mí me fue dada.
- Yo también necesito arrepentimiento
Jesús lo dijo con claridad: “a menos que se arrepientan, ustedes también perecerán”.- No importa si otros parecen “peores”.
- No importa cuántas veces yo haya ido a la iglesia.
- Todos necesitamos arrepentirnos y ser perdonados.
Reconocer esto nos libra de la arrogancia y nos lleva a la humildad.
- No soy mejor que nadie
Si Dios me ha perdonado, no fue porque yo lo merecía. Fue por pura gracia.- No puedo condenar a otros cuando yo mismo he sido perdonado tantas veces.
- No puedo enseñorearme sobre los que luchan, cuando yo también he sido débil.
- Dios me llama a tener compasión, no a juzgar
Al leer este versículo, vienen a mi mente personas difíciles, tóxicas, con las que he tenido dolor o conflicto. Y hoy, en lugar de juicio, siento compasión.- Los perdono como Dios me perdonó.
- Los bendigo como Dios me ha bendecido.
- Les pongo límites sanos, como Cristo también lo hizo cuando dijo: “el que quiera seguirme…”.
Jesús no obliga, Él invita. Con paciencia, toca la puerta del corazón.
- Jesús sigue esperando que abramos la puerta
“¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo…”
Apocalipsis 3:20 (NTV)
Jesús no empuja, no fuerza, no grita. Él toca y espera. Eso mismo debemos hacer con los demás: ofrecer amor, gracia y verdad, pero sin manipulación ni control.
¿Y qué piensan de los dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima? ¿Acaso eran los peores pecadores de Jerusalén? No, y les digo de nuevo, a menos que se arrepientan, ustedes también perecerán.
Lucas 13:4-5 (NTV)
Piénsalo:
- ¿Estoy viendo a los demás con juicio o con la misma compasión con la que Dios me ve a mí?
- ¿A quién necesito hoy perdonar, bendecir y soltar en gracia?
- ¿Estoy consciente de mi propia necesidad diaria de arrepentimiento y dependencia del perdón de Dios?

