Controlado
Después de lavarse la cara, volvió a salir, ya más controlado. Entonces ordenó: «Traigan la comida». Génesis 43:31 (NTV)
Qué importante es para un líder, y para todo creyente, saber guardar el control propio en la vida. No se trata de controlar y dominar a otros, sino de controlarse y dominarse a sí mismo. En este pasaje, José, el gobernador de Egipto, estaba abrumado por la emoción de ver a sus hermanos. Tuvo que retirarse a solas para controlar sus emociones antes de regresar y tomar decisiones. Aunque después lloró frente a sus hermanos (lo cual fue sanador), este momento nos enseña que hay un tiempo y un lugar apropiado para todo, y el dominio propio es fundamental.
- El control propio es autodisciplina. La Biblia lo llama dominio propio, control propio, templanza o autodisciplina. En 2 Timoteo 1:7 (NTV), Pablo nos recuerda: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina”.
- Es un fruto del Espíritu. El control propio es la evidencia de que el Espíritu Santo está obrando en nosotros (Gálatas 5:23). Lo opuesto, la impulsividad, es una obra de la carne. No podemos lograrlo solo con fuerza de voluntad; necesitamos la ayuda del Espíritu.
- El control propio permite pensar con claridad. Cuando estamos “controlados” como José, podemos pensar con claridad para tomar decisiones. El necio da rienda suelta a su enojo, “pero los sabios calladamente lo controlan” (Proverbios 29:19 NTV).
- El control propio nos protege del pecado. El dominio propio nos evita caer en el pecado, especialmente el de la lengua. Nos evita decir cosas hirientes o tomar decisiones apresuradas de las cuales después nos arrepentimos.
- El control propio protege a otros. Nuestra falta de control siempre hiere a los que están cerca de nosotros. Pero nuestro control propio los protege y nos permite ser de bendición en nuestra casa, en el trabajo y en la iglesia.
La vida de José demuestra que el verdadero poder no radica en la autoridad que tenemos sobre los demás, sino en la autoridad que tenemos sobre nosotros mismos. El dominio propio no significa no sentir, sino saber manejar nuestras emociones con la ayuda del Espíritu Santo, para honrar a Dios y tomar decisiones sabias.
Después de lavarse la cara, volvió a salir, ya más controlado. Entonces ordenó: «Traigan la comida». Génesis 43:31 (NTV)
Piénsalo:
- ¿En qué situación reciente perdiste el control y dijiste o hiciste algo de lo que te arrepientes?
- ¿En qué área específica necesitas pedirle al Espíritu Santo que desarrolle en ti el fruto del “control propio” esta semana?
- ¿Cómo puedes seguir el ejemplo de José de tomarte un momento a solas para “controlarte” antes de tomar una decisión importante?

