Dueño
Le dije al SEÑOR: «¡Tú eres mi dueño! Todo lo bueno que tengo proviene de ti».
Salmos 16:2 (NTV)
Reconocer a Dios como dueño cambia por completo nuestra manera de vivir. Dejamos de vernos como autosuficientes y entendemos que nuestra vida está bajo el cuidado perfecto de Aquel que nos creó. Esta verdad produce descanso, seguridad y gratitud, porque todo lo bueno que somos y tenemos proviene de Él.
- Eres un dueño responsable
Dios no abandona lo que le pertenece. Él cuida con excelencia aquello que es suyo. Saber que le pertenecemos nos llena de paz, porque estamos en manos fieles y amorosas. - El dueño es responsable de suplir
Como dueño, Dios se encarga de alimentar, sostener, fortalecer y bendecir nuestra vida. Él provee lo necesario para que estemos saludables, firmes y con todo lo que requerimos para cumplir nuestro propósito. - El dueño es responsable de proteger
Dios protege todo lo que le pertenece. Su presencia a nuestro lado nos da seguridad, descanso y confianza. No caminamos solos ni expuestos; vivimos cubiertos por Su cuidado constante. - El dueño es responsable de administrar con propósito
Dios no hace desperdicios. No somos un accidente ni una casualidad. Él administra nuestra vida con intención y nos hace fructíferos para el bien. Nos planta en el lugar correcto para dar fruto en el tiempo correcto y vivir una vida con sentido eterno.
Vivir reconociendo a Dios como dueño nos libera del control, del temor y de la ansiedad. En Sus manos encontramos dirección, gozo y la plenitud de una vida bien guiada.
Le dije al SEÑOR: «¡Tú eres mi dueño! Todo lo bueno que tengo proviene de ti».
Salmos 16:2 (NTV)
Piénsalo:
- ¿Qué área de tu vida necesitas volver a rendir al Señor como dueño?
- ¿Cómo cambiaría tu nivel de paz si confías plenamente en Su cuidado y provisión?
- ¿De qué manera puedes vivir hoy con gratitud reconociendo que todo lo bueno proviene de Dios?

