No faltes al momento clave
Mientras hablaba, les mostró las heridas de sus manos y su costado. ¡Ellos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor! Nuevamente les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, yo los envío a ustedes». Entonces sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban al Espíritu Santo. Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son perdonados; si no los perdonan, esos pecados no son perdonados». Tomás, uno de los doce discípulos (al que apodaban el Gemelo), no estaba con los otros cuando llegó Jesús. Juan 20:20-24
En la vida de la Iglesia, hay momentos específicos marcados por la visitación de Dios que pueden cambiar el rumbo de nuestra fe para siempre. En este pasaje, vemos un contraste doloroso: mientras diez discípulos experimentaban la presencia del Cristo resucitado, recibían Su paz, Su comisión y el soplo del Espíritu Santo, uno de ellos estaba ausente. Tomás se perdió el “momento clave” de la manifestación de Jesús simplemente por no estar allí. Como pastor, quiero animarles a valorar la congregación y la comunión, entendiendo que hay bendiciones colectivas que Dios ha diseñado para entregar solo cuando Su pueblo está reunido.
- El peligro de la ausencia en la comunión La Biblia enfatiza que Tomás “no estaba con los otros”. La ausencia física de Tomás no solo lo privó de una experiencia emocional, sino de una impartición espiritual vital. Cuando nos aislamos, nos volvemos vulnerables a la duda y nos desconectamos del flujo de revelación que el Señor está derramando sobre el cuerpo de creyentes.
- La alegría que produce la presencia Los discípulos presentes se “llenaron de alegría” al ver al Señor. Esta no es una alegría producida por circunstancias externas, sino por la evidencia de que Jesús está vivo y en medio de ellos. Faltar al encuentro con la comunidad de fe a menudo nos mantiene en un estado de tristeza o desánimo que solo la presencia de Cristo en medio de Sus hijos puede curar.
- La impartición del propósito y el poder Jesús no solo se apareció para consolar, sino para enviar: “Como el Padre me envió a mí, yo los envío a ustedes”. Además, sopló el Espíritu Santo sobre ellos. Tomás no recibió esta comisión ni este poder en ese instante. Hay niveles de unción y claridad de propósito que el Señor entrega específicamente cuando la iglesia se reúne en unidad.
- La lucha contra la incredulidad La ausencia de Tomás lo llevó a un estado de escepticismo que duró ocho días más. Mientras los otros celebraban la victoria, él seguía atrapado en el dolor de la muerte. La falta de constancia en la casa de Dios suele abrir la puerta a la duda intelectual y espiritual, haciéndonos más difícil creer en las promesas que otros ya están disfrutando.
No permitas que las distracciones, el desánimo o los compromisos temporales te roben el momento en que Jesús decide presentarse en medio de Su pueblo. Cada reunión es una oportunidad única donde el Señor puede soplar vida nueva sobre tus áreas secas. No seas un “Tomás” que llega tarde a la revelación; mantente presente, mantente unido y mantente alerta. El Señor tiene una paz que darte, un Espíritu que soplar sobre ti y una misión que encomendarte que solo podrás recibir plenamente cuando estés en el lugar donde Él ha prometido manifestarse.
Mientras hablaba, les mostró las heridas de sus manos y su costado. ¡Ellos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor! Nuevamente les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, yo los envío a ustedes». Entonces sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban al Espíritu Santo. Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son perdonados; si no los perdonan, esos pecados no son perdonados». Tomás, uno de los doce discípulos (al que apodaban el Gemelo), no estaba con los otros cuando llegó Jesús. Juan 20:20-24
Piénsalo:
- ¿Qué excusas sueles usar para no congregarte o no participar en las reuniones de oración y comunión?
- ¿Has notado cómo tu fe se debilita o tus dudas aumentan cuando te alejas por un tiempo del cuerpo de Cristo?
- Haz el compromiso de no faltar a las próximas reuniones de la iglesia, disponiendo tu corazón para recibir lo que Dios ya ha preparado para ti.