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De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven

De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven

»Sé que todo lo puedes, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado. “¿Quién es este que oscurece el consejo sin entendimiento?”. Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía… De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza. Job 42:2-3, 5-6 NTV

En los capítulos 41 y 42 del libro de Job llegamos al desenlace victorioso y transformador de una de las pruebas más severas registradas en las Sagradas Escrituras. Después de contemplar el poder del Creador frente a criaturas indomables como Leviatán, Job finalmente experimenta un quebrantamiento total de su autosuficiencia. Deja a un lado los discursos defensivos y comprende que, más allá de recibir respuestas lógicas o explicaciones a su dolor, lo que su espíritu verdaderamente necesitaba era un encuentro cara a cara con el Dios Todopoderoso. Esta conclusión nos enseña que las temporadas de sufrimiento, cuando se procesan con humildad y rendición, tienen el poder de despojar nuestra fe de una religiosidad superficial de segunda mano, llevándonos a una revelación profunda, a un corazón perdonador y a una restauración sobrenatural que multiplica todo lo que el enemigo intentó destruir.

No permitas que las pérdidas temporales, las traiciones o los momentos de quebranto te amarguen el corazón ni te hagan dudar de la fidelidad del Señor. Rinde hoy tus argumentos, pide perdón por las quejas innecesarias y decídete a perdonar a aquellos que te juzgaron en tu temporada de dolor. Cuando te humillas bajo la poderosa mano de Dios y buscas Su rostro con sinceridad, Él se encarga de cambiar tu lamento en danza, secar cada una de tus lágrimas y desatar una temporada de restitución abundante y duradera sobre tu hogar y tus generaciones venideras.

»Sé que todo lo puedes, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado. “¿Quién es este que oscurece el consejo sin entendimiento?”. Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía… De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza. Job 42:2-3, 5-6 NTV

Piénsalo:
¿En qué áreas de tu vida sientes que has tenido una fe «de oídas» y necesitas hoy una revelación viva y personal de Dios?
¿Hay personas que te hirieron o juzgaron en momentos difíciles a quienes necesitas perdonar e interceder por ellas para desatar tu propia libertad?
Toma un momento en oración para rendir toda queja, reconociendo que Dios todo lo puede y confiando plenamente en que Él restaurará tu vida al doble.

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