Asombro

Asombro

Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo. Marcos 9:15 NTV

A lo largo de la vida cristiana corremos un riesgo silencioso pero muy peligroso: acostumbrarnos a las cosas sagradas de Dios y perder la capacidad de maravillarnos ante Su presencia. Cuando recién conocemos a Cristo, todo nos estremece y nos llena de gratitud, pero con el paso de los años, el correr diario, las responsabilidades cotidianas e incluso el servicio en la iglesia pueden hacer que tomemos por sentado lo sobrenatural. En este pasaje vemos cómo la multitud, al ver llegar a Jesús, no reaccionó con apatía ni con indiferencia religiosa, sino que sus corazones se sacudieron de asombro y corrieron con entusiasmo a encontrarse con Él.

  • Guardar el asombro por el amor y el perdón de Dios Nunca debemos permitir que la gracia de Dios se vuelva algo común o rutinario en nuestra mente. Saber que el Creador del universo nos amó cuando estábamos perdidos, pagó nuestras culpas en la cruz y nos perdonó por completo debe estremecer siempre lo más profundo de nuestro ser. Cuando un creyente deja de asombrarse de ser salvo, su corazón comienza a enfriarse y a llenarse de orgullo espiritual.
  • Mantener la expectativa ante Su poder sobrenatural Dios sigue siendo un Dios de milagros, de sanidades y de transformaciones radicales. No podemos caer en la trampa de presenciar las respuestas de oración, los testimonios de restauración familiar y los milagros en la congregación como si fueran simples casualidades. Mantener vivo el asombro despierta una fe expectante que nos lleva a orar con denuedo por los enfermos y a creer que para Dios no hay nada imposible.
  • Vencer la familiaridad en la vida de oración y adoración Entrar a la presencia de Dios en nuestra cita diaria o en el servicio dominical no puede ser un acto mecánico ni un compromiso de calendario. Cuando nos acercamos al Señor reconociendo Su grandeza, Su majestad y Su santidad, el tiempo a solas con Él se convierte en el momento más fascinante del día. Quien pierde el asombro en la oración termina rezando palabras vacías; quien conserva el asombro adora con todo el corazón.
  • Correr hacia Jesús con un corazón agradecido La multitud no solo se quedó observando desde lejos, sino que corrió inmediatamente hacia Jesús. El verdadero asombro siempre produce movimiento, quebranta la pereza espiritual y nos impulsa a buscar Su rostro sin reservas. Cuando estamos verdaderamente maravillados por quién es Él, ninguna distracción de este mundo puede detenernos para rendirle nuestra vida, nuestros talentos y nuestros recursos.

Es tiempo de hacer una pausa sincera delante del Señor y revisar el estado de nuestro corazón. No fuimos llamados a vivir una fe aburrida, fría o teórica, sino una relación viva, dinámica y llena de reverencia ante el Dios todopoderoso. Pidámosle hoy al Espíritu Santo que renueve nuestra sensibilidad espiritual, que limpie todo rastro de apatía y que encienda nuevamente en nosotros esa pasión que nos hace correr hacia Cristo maravillados por Su infinita bondad.

Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo. Marcos 9:15 NTV

Piénsalo:
¿Te sigue asombrando en tu vida diaria el amor incondicional y el perdón que Dios tuvo contigo, o se ha convertido en algo rutinario?
¿Te acercas a tus tiempos de oración y a los servicios de la iglesia con una fe expectante, o has caído en la frialdad de la familiaridad?
¿Qué decisiones prácticas puedes tomar hoy para recuperar la pasión, el asombro y el entusiasmo en tu relación personal con Jesucristo?

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