Dirige tus preguntas difíciles a Dios

Dirige tus preguntas difíciles a Dios

Al mediodía, la tierra se llenó de oscuridad hasta las tres de la tarde. Luego, a las tres de la tarde, Jesús clamó con voz fuerte: «Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?», que significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Marcos 15:33-34 NTV

En el capítulo 15 del Evangelio de Marcos presenciamos el momento culminante de la redención humana, donde nuestro Señor Jesucristo enfrenta el juicio ante Pilato, las burlas de los soldados romanos y el dolor indecible de la crucifixión. En medio del suplicio, la tierra se cubre de una densa oscuridad al mediodía, simbolizando no solo el juicio sobre el pecado que Jesús cargaba en nuestro lugar, sino también el peso del sufrimiento y la soledad más desgarradora. En ese instante de profunda aflicción, el Maestro nos enseña una verdad vital para la vida de todo creyente: en las temporadas más oscuras, de mayor confusión y dolor en esta tierra, el lugar correcto para derramar nuestro clamor y nuestras dudas más sinceras siempre será la presencia del Padre celestial.

  • Reconocer la oscuridad de las crisis La oscuridad que cubrió la tierra representa aquellas temporadas dolorosas e inesperadas que todos enfrentamos en este mundo caído: la pérdida de un familiar amado, el golpe de una enfermedad, una ruptura relacional o una repentina quiebra financiera. En medio de esas horas oscuras es completamente natural que broten preguntas y que el alma se sienta conmovida, pero debemos recordar que Dios no se asusta ni se enoja ante nuestra vulnerabilidad y confusión.
  • Clamar directamente al Padre y no a los hombres Jesús no dirigió su dolor ni sus preguntas a los soldados que lo azotaban, ni a la multitud que se burlaba, ni a sus discípulos que habían huido; Él levantó su voz directamente hacia Dios. Frecuentemente cometemos el error de desahogar nuestras quejas y frustraciones con personas que no pueden ayudarnos o que nos dan consejos superficiales que agravan la herida. Debemos aprender a ir primeramente de rodillas al Creador, quien es el único que verdaderamente comprende la profundidad de nuestro dolor.
  • Confiar en que el silencio aparente no significa ausencia Aunque Jesús expresó el clamor del Salmo 22 al sentirse desamparado mientras cargaba la culpa de la humanidad, el plan soberano de Dios seguía operando en perfecta victoria. En ocasiones sentiremos que el cielo calla y que estamos solos frente al conflicto, pero el silencio divino nunca significa abandono; Dios sigue tejiendo su propósito aun cuando nuestros sentidos naturales no alcancen a percibir su mano de poder.
  • Comprender el costo de nuestro acceso a la presencia de Dios Inmediatamente después del sacrificio de Jesús en la cruz, el velo del templo se rasgó en dos de arriba a abajo, abriendo para siempre el camino a la presencia del Señor. El sufrimiento de Cristo eliminó la separación entre el hombre y Dios; gracias a su entrega perfecta hoy tenemos la total libertad de presentarnos ante el trono de la gracia para hallar socorro oportuno en cada necesidad y tribulación.

No permitas que las crisis cotidianas, las injusticias o los valles oscuros te lleven al aislamiento, a la amargura o al resentimiento contra la vida. Cuando las circunstancias no tengan sentido para tu entendimiento y te sientas fatigado, no busques respuestas vanas en las opiniones de este mundo; corre confiadamente a la presencia de tu Padre celestial y derrama tu corazón delante de Él. Descansa en que Dios tiene el control absoluto de tu historia y que, después de toda noche de prueba, Su fidelidad inagotable traerá luz, restauración y victoria eterna a tu vida y a tu hogar.

Al mediodía, la tierra se llenó de oscuridad hasta las tres de la tarde. Luego, a las tres de la tarde, Jesús clamó con voz fuerte: «Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?», que significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Marcos 15:33-34 NTV

Piénsalo:

¿A quién acudes primero cuando enfrentas una crisis o una situación dolorosa: a los hombres o a la presencia de Dios?

¿Hay preguntas difíciles o cargas pesadas en tu corazón que necesitas derramar hoy con sinceridad delante de tu Padre celestial?

Aparta un momento de oración para entregarle tus dudas y dolores al Señor, descansando en la seguridad de que Él jamás te abandonará.

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