Dones para servir y bendecir a otros
A cada uno de nosotros se nos da un don espiritual para que nos ayudemos mutuamente. 1 Corintios 12:7 NTV
Al estudiar los capítulos 12 al 14 de 1 Corintios, el apóstol Pablo enseña a la iglesia sobre el verdadero propósito del mover espiritual, los dones y la convivencia en el cuerpo de Cristo. En medio de una congregación donde muchos buscaban sobresalir o presumir sus capacidades espirituales, la Palabra nos aterriza con madurez y orden: ningún talento o don fue entregado por Dios para alimentar el ego personal, sino para edificar a los demás. El apóstol une la manifestación del Espíritu en el capítulo 12 con el camino más excelente del amor en el capítulo 13 y el orden constructivo en el capítulo 14. Esta enseñanza nos muestra que la vida en el cuerpo de Cristo no consiste en competir o buscar protagonismo, sino en complementar y enriquecer la vida de quienes nos rodean a través de una actitud de servicio.
- Los dones tienen el propósito de bendecir a otros Dios no reparte habilidades espirituales para beneficio egoísta ni para inflar la reputación de nadie. Cada don que el Espíritu Santo entrega a un creyente tiene como fin el servicio práctico hacia la familia espiritual y la comunidad. Cuando usamos lo que tenemos para enriquecer a las personas, la iglesia florece y se fortalece.
- Todos somos necesarios en el cuerpo de Cristo En el diseño de Dios no existen miembros insignificantes. Así como en el cuerpo humano el ojo no puede desechar a la mano ni la cabeza prescindir de los pies, en la iglesia cada creyente cumple una asignación única. Los que parecen más débiles suelen ser los más necesarios, por lo que debemos cuidar la unidad y valorarnos mutuamente.
- El amor es el motor que da valor a todo lo que hacemos Podemos predicar con elocuencia, tener fe para mover montañas o entregar bienes a los necesitados, pero si no amamos de verdad, nada de eso tiene valor ante Dios. El amor es paciente, bondadoso, no busca lo suyo ni guarda rencor. Todo don o talento solo trasciende cuando se ejerce motivado por el amor genuino.
- La madurez busca la edificación colectiva y el orden En la casa de Dios la prioridad debe ser que las personas entiendan, aprendan y sean afirmadas en su fe. Debemos ser maduros en nuestra manera de pensar y buscar que nuestras palabras y acciones traigan edificación, aliento y consuelo a los demás, procurando siempre la excelencia y el orden en todo lo que emprendemos.
La grandeza en el reino de Dios nunca se mide por la notoriedad de nuestros talentos, sino por nuestra disposición humilde a servir y amar. Cuando decidimos abandonar las competencias personales y ponemos lo que somos en las manos del Señor para bendecir a la iglesia, nos convertimos en instrumentos de transformación y vida que dejan un legado perdurable.
A cada uno de nosotros se nos da un don espiritual para que nos ayudemos mutuamente. 1 Corintios 12:7 NTV
Piénsalo:
¿De qué manera estás usando los dones y talentos que Dios te dio para servir a tu familia y a tu iglesia?
¿Tus acciones y conversaciones reflejan el amor paciente y desinteresado que describe la Palabra?
Identifica hoy a una persona en tu entorno y da un paso concreto de servicio o aliento para bendecir su vida.