No pasó por alto
“Alaben a Dios, quien no pasó por alto mi oración ni me quitó su amor inagotable.”
Salmos 66:20 (NTV)
En este versículo, el salmista expresa profunda gratitud a Dios por dos realidades que sostienen la vida del creyente: Dios no ignora nuestras oraciones y no retira su amor inagotable. Es fácil pensar que Dios no escucha, que guarda silencio o que se ha alejado. Pero la verdad es que, aunque muchas veces no lo vemos actuar de inmediato, Él nunca pasa por alto una oración sincera. Su amor permanece incluso cuando fallamos. Y aunque no ignore el pecado, ha provisto el camino del perdón: Él mismo pagó el precio.
1. Hay cosas que Dios no pasa por alto
Dios no es indiferente al pecado. Él es santo, justo, y no puede hacer como si el pecado no existiera. El pecado tiene consecuencias, y la principal es la separación eterna de Dios. Pero en lugar de ignorar nuestra maldad o barrerla debajo del tapete, Dios eligió enfrentarla con gracia y justicia a la vez.
Él no pasó por alto tus errores ni tus rebeliones. Lo que hizo fue cargar con ellos en la cruz. No los minimizó, los pagó. No los escondió, los enfrentó. No los ignoró, los venció con su amor sacrificial.
“Guillermo, no puedo ignorar tu pecado, pero puedo pagar por él.”
Eso es exactamente lo que Dios hizo por cada uno de nosotros.
“Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23)
…y Cristo asumió esa paga para darnos vida.
2. No me quitó su amor inagotable
A pesar de nuestras caídas, dudas, quejas o indiferencia, Dios sigue amando con un amor que no cambia. No es un amor que se debilita con el tiempo, ni que depende de nuestro comportamiento. Su amor es inagotable, firme, eterno.
“¡El fiel amor del SEÑOR nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana.”
Lamentaciones 3:22-23 (NTV)
Esto significa que no importa cuántas veces hayas fallado, si vuelves a Él con un corazón sincero, su amor sigue ahí, intacto, disponible. No hay pecado que lo canse, no hay herida que lo detenga, no hay oración que lo agote.
3. Dios no pasó por alto mi oración
Quizá has orado y parece que nada ha cambiado. Pero Dios nunca pasa por alto la oración del justo. Él escucha, Él responde en Su tiempo, Él actúa en formas que a veces no comprendemos al instante. El salmista no dice que Dios respondió todo como él quería, pero afirma con certeza: “Dios no pasó por alto mi oración”.
Cuando oras, no estás hablando al aire. Estás siendo escuchado por el Creador del universo. Y aunque no veas aún la respuesta, puedes confiar en que Él ya está obrando, porque nunca desatiende a sus hijos.
4. Gracias por tu paciencia, Señor
La fidelidad de Dios es el suelo firme sobre el cual nos levantamos cada mañana. Si dependiéramos de nuestras fuerzas, caeríamos. Si su amor dependiera de nuestra perfección, estaríamos perdidos. Pero Él aguanta, espera, sostiene, y no deja de amarnos. Su paciencia es el puente entre nuestra debilidad y Su voluntad.
“Gracias, Señor, por no quitarme tu amor. Gracias por tenerme paciencia. Gracias por seguir escuchando mis oraciones. Gracias por no pasar por alto mi clamor, ni mis lágrimas, ni mi arrepentimiento.”
“Alaben a Dios, quien no pasó por alto mi oración ni me quitó su amor inagotable.”
Salmos 66:20 (NTV)
piénsalo:
- ¿Qué pecado o carga estás tratando de esconder, en lugar de entregarlo a quien ya lo pagó?
- ¿Has dudado del amor de Dios por ti en medio de tus errores o silencios prolongados en la oración?
- ¿Puedes agradecer hoy que Dios no te ha quitado su amor, ni ha pasado por alto tus oraciones?