Ponle sal
Sazona con sal todas tus ofrendas de grano, para acordarte del pacto eterno de Dios. Nunca te olvides de poner sal a las ofrendas de grano.
Levítico 2:13 (NTV)
En el Antiguo Testamento, Dios instruyó a Israel a que cada ofrenda de grano tuviera sal. No era un simple detalle culinario, sino un recordatorio profundo del pacto eterno de Dios con su pueblo. La sal preserva, da sabor y simboliza permanencia. De la misma manera, hoy somos llamados a que lo que damos y lo que hacemos para Dios esté marcado por alegría, cuidado y un corazón que honra Su pacto.
- Ponerle sal es servir con alegría
La sal representa el gozo con el que debo entregar mis ofrendas y mi servicio. No se trata solo de hacer algo por obligación, sino de hacerlo con gozo, porque eso agrada a Dios y bendice a las personas que me rodean. - Ponerle sal es dar con cuidado
Cuando preparo un platillo con la cantidad correcta de sal, muestro atención y dedicación. Así también, mis ofrendas deben tener ese cuidado, esa intención consciente de honrar a Dios y no hacerlo de manera descuidada o automática. - Ponerle sal es recordar el pacto
Cada vez que doy, cada vez que sirvo, debo recordar que todo está ligado al pacto eterno de Dios conmigo. Ese pacto me asegura Su fidelidad, Su provisión y Su compañía. - Ponerle sal es transmitir sabor a otros
El gozo y la actitud con la que sirvo son percibidos por los demás. Si doy con alegría, ese “sabor” se transmite y anima a quienes me ven. Si sirvo de mala gana, también se nota.
Cuando mis ofrendas, mi tiempo y mi servicio llevan “sal”, no solo agrado a Dios, sino que bendigo y edifico a otros con mi actitud.
Sazona con sal todas tus ofrendas de grano, para acordarte del pacto eterno de Dios. Nunca te olvides de poner sal a las ofrendas de grano.
Levítico 2:13 (NTV)
Piénsalo:
- ¿Con qué actitud estoy dando o sirviendo: con gozo o con obligación?
- ¿Estoy recordando el pacto eterno de Dios cada vez que entrego algo en Su nombre?
- ¿Qué sabor perciben los demás cuando reciben mi servicio o mis ofrendas?