La crítica no detiene la fe
Muchos lo regañaban para que se callara, pero él gritaba aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». […] —¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús. —Mi Rabí —dijo el ciego—, ¡quiero ver! Y Jesús le dijo: —Puedes irte; tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino. Marcos 10:48, 51-52
En nuestro caminar con Cristo, a menudo encontraremos voces externas que intentarán silenciar nuestra esperanza o cuestionar nuestra persistencia. La historia de Bartimeo nos muestra que el clamor por un milagro suele ir acompañado de la resistencia de aquellos que no entienden nuestra necesidad. La fe verdadera no se amedrenta ante el “qué dirán” ni ante la presión social; por el contrario, utiliza la oposición como un escalón para elevar con más fuerza su oración hacia el Maestro.
- La determinación de buscar a Jesús Bartimeo no permitió que su condición de mendigo ni la multitud le impidieran reconocer que Jesús era su única oportunidad. La fe comienza con una determinación inquebrantable de alcanzar al Salvador, sin importar los obstáculos visibles.
- Venciendo la voz de la multitud Siempre habrá quienes, incluso dentro de los círculos religiosos, intenten decirnos que callemos o que nuestra petición no es importante. Ignorar la crítica negativa es esencial para mantener nuestro enfoque en la fuente de nuestra sanidad y provisión.
- La claridad en la petición Cuando Jesús preguntó “¿Qué quieres que haga por ti?”, Bartimeo no dudó. Una fe que no se detiene es una fe específica. Debemos aprender a presentar nuestras necesidades con honestidad y claridad ante el Señor, sabiendo que Él se deleita en responder.
- La fe que produce acción La respuesta de Jesús confirmó que fue la fe de Bartimeo la que activó su milagro. Una vez sano, su fe no se detuvo ahí, sino que lo llevó a seguir a Jesús. La fe que vence la crítica es la misma que nos impulsa a una vida de discipulado constante.
No permitas que las opiniones de los demás dicten la intensidad de tu búsqueda de Dios. Si el mundo te pide que te calles, que tu clamor sea “aún más fuerte”. El Señor no es indiferente a la voz de aquel que confía en Él por encima de las circunstancias. Recuerda que tu milagro no depende de la aprobación de los hombres, sino de tu fe en el poder de Jesucristo, quien se detiene ante el corazón que le busca con sinceridad.
Muchos lo regañaban para que se callara, pero él gritaba aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». […] —¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús. —Mi Rabí —dijo el ciego—, ¡quiero ver! Y Jesús le dijo: —Puedes irte; tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino. Marcos 10:48, 51-52
Piénsalo:
- ¿Qué “voces” o críticas me han estado pidiendo que “me calle” y deje de creer por mi milagro?
- Si Jesús me preguntara hoy mismo “¿Qué quieres que haga por ti?”, ¿tengo la claridad y la fe para responderle sin dudar?
- Identifica una situación donde hayas cedido a la presión social y decide hoy clamar con más fuerza al Señor en oración.