La importancia de presentar los niños a Dios

La importancia de presentar los niños a Dios

Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños». Marcos 10:14

En el pasaje de hoy, vemos una escena que confronta directamente la mentalidad religiosa y excluyente de la época. Los discípulos, quizás intentando proteger el tiempo y la energía del Maestro, consideraban que los niños eran una interrupción o que no tenían la madurez suficiente para recibir la atención de Jesús. Sin embargo, la reacción del Señor fue de indignación. Para Cristo, presentar a los niños ante Su presencia no es un rito opcional o una formalidad social, sino un acto de reconocimiento de que ellos son los ciudadanos primordiales de Su Reino. Presentar a nuestros hijos a Dios es colocarlos bajo Su cobertura legal y espiritual, asegurando que su identidad sea forjada por el Creador antes de que el mundo intente definirlos.

  • Reconocer la propiedad divina Al presentar a un niño a Dios, estamos declarando públicamente que ese hijo no nos pertenece a nosotros, sino a Él. Reconocemos que somos mayordomos de una vida que Dios nos ha confiado temporalmente. Este acto de humildad quita el peso del control absoluto de los padres y lo deposita en las manos soberanas de aquel que los formó en el vientre materno.
  • Eliminar los obstáculos del camino Jesús dio una orden clara: “No los detengan”. A veces, los padres detienen a sus hijos sin darse cuenta, ya sea por falta de ejemplo, por priorizar actividades seculares sobre la vida espiritual o por no crear un ambiente de fe en el hogar. Presentarlos a Dios implica el compromiso de los padres de quitar cualquier piedra de tropiezo que impida que el niño desarrolle su propia relación con Jesús.
  • La bendición de la cercanía temprana Hay una gracia especial que se imparte cuando un niño es expuesto a la presencia de Dios desde sus primeros días. Jesús los abrazaba y ponía Sus manos sobre ellos. Presentarlos es buscar ese toque divino que marca el destino de un menor, dándole una sensibilidad espiritual que lo protegerá de las voces extrañas conforme vaya creciendo en este mundo.
  • Aprender de su naturaleza espiritual Jesús no solo llamó a los niños, sino que puso su fe como el estándar para los adultos. Al presentar a los niños, la iglesia y la familia recuerdan que el Reino se recibe con sencillez, confianza y asombro. La importancia de este acto radica también en que nos obliga a nosotros, los adultos, a volver a esa pureza de corazón necesaria para ver a Dios.

Presentar a los niños a Dios es el primer paso de un largo camino de discipulado generacional. No se trata solo de un evento de un domingo en el altar, sino de una postura continua del corazón de los padres. Al hacerlo, establecemos un precedente espiritual: esta vida está consagrada al Señor. Cuando un niño crece sabiendo que fue presentado y bendecido por Dios desde su inicio, desarrolla un sentido de pertenencia al Reino que le dará firmeza ante las crisis de identidad. No permitas que las ocupaciones o la cultura moderna detengan a los más pequeños; llévalos a los pies de Jesús, porque allí es donde realmente pertenecen.

Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños». Marcos 10:14

Piénsalo:

  1. ¿De qué maneras sutiles podrías estar “deteniendo” el acercamiento de tus hijos o de los niños de tu entorno hacia Jesús?
  2. ¿Cómo cambiaría tu forma de criar si recordaras diariamente que tus hijos pertenecen primero a Dios y luego a ti?

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