Gracias

Gracias

Cada vez que pienso en ustedes, le doy gracias a mi Dios. Siempre que oro, pido por todos ustedes con alegría, porque han colaborado conmigo en dar a conocer la Buena Noticia acerca de Cristo desde el momento que la escucharon por primera vez hasta ahora. Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.
Filipenses 1:3-6 (NTV)

Pablo escribe estas palabras con el corazón lleno de gratitud. No solo estaba agradecido por lo que Dios hacía en su vida, sino también por lo que Dios estaba haciendo en la vida de otros. Estas líneas nos recuerdan la belleza de la comunidad cristiana: personas que caminan juntas, sirven juntas y se animan unas a otras a seguir proclamando el evangelio. La gratitud de Pablo nace al ver el compromiso de otros y su fidelidad en el llamado de Dios. Este pasaje nos anima a reconocer, valorar y agradecer por las personas que Dios ha puesto en nuestra vida y en nuestra misión.

  1. La gratitud debe ser parte de nuestra oración
    Pablo comienza diciendo que cada vez que pensaba en ellos, daba gracias a Dios. Así también nosotros debemos cultivar un corazón que agradece a Dios por las personas que caminan con nosotros en la fe.
  2. La oración debe estar llena de alegría
    No se trataba solo de orar por necesidad, sino de orar con alegría. La alegría de ver vidas transformadas, corazones fieles, y amigos firmes en la obra del Señor. La oración se enriquece cuando va acompañada de gratitud.
  3. Dios une personas con un mismo propósito
    Pablo agradece porque los filipenses colaboraban con él en la misión. No se trata de una obra individual, sino de un esfuerzo colectivo. Todos tenemos un rol en la expansión del evangelio.
  4. Dios es el autor y también el que perfecciona la obra
    La confianza de Pablo no estaba en el esfuerzo humano, sino en la fidelidad de Dios. Él comenzó la buena obra, y Él mismo la terminará. Esta verdad nos da esperanza y nos recuerda que el proceso continúa.
  5. La comunidad de fe es un regalo de Dios
    Pensar en otros con gratitud, orar por ellos con gozo, colaborar juntos en el Reino… todo eso es evidencia de una iglesia viva y sana. Dios nos llama a valorar y cuidar esa comunidad.

Cada vez que pienso en ustedes, le doy gracias a mi Dios. Siempre que oro, pido por todos ustedes con alegría, porque han colaborado conmigo en dar a conocer la Buena Noticia acerca de Cristo desde el momento que la escucharon por primera vez hasta ahora. Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.
Filipenses 1:3-6 (NTV)

Piénsalo:

  • ¿Estoy agradeciendo a Dios por las personas que me han acompañado en mi caminar de fe?
  • ¿Estoy orando con alegría por aquellos que sirven junto a mí en el Reino?
  • ¿Estoy confiando en que Dios seguirá perfeccionando su obra en mí y en los demás?
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