Tres principios de las ofrendas

Tres principios de las ofrendas

“Quiero hablarles acerca del dinero que van a dar para ayudar a los del pueblo de Dios en Jerusalén. Hagan lo mismo que les dije a las iglesias de la región de Galacia. Es decir, que cada domingo, cada uno de ustedes debe apartar y guardar algo de dinero, según lo que haya ganado. De este modo no tendrán que recogerlo cuando yo vaya a verlos.”
1 Corintios 16:1-2 (TLA)

Pablo, al dirigirse a los creyentes de Corinto, les instruye sobre un tema práctico pero profundamente espiritual: las ofrendas. En este pasaje no hay manipulación ni imposición, sino sabiduría y dirección divina para cultivar una vida generosa. Las iglesias de aquel tiempo estaban unidas no solo en fe, sino también en solidaridad. Cuando los hermanos de Jerusalén atravesaban necesidad, otras comunidades se activaban con amor y disposición para ayudar. De esta enseñanza se desprenden tres principios esenciales que nos guían hoy sobre cómo dar con propósito, libertad y gozo.
1. Nuestra generosidad debe ser voluntaria
La ofrenda no debe surgir de la presión externa, sino de una decisión interna basada en el amor. Los creyentes de Corinto no fueron forzados a dar; decidieron hacerlo como una expresión de compasión hacia los necesitados. Dar no es un castigo ni una carga, es una oportunidad. Cuando el corazón se transforma por el evangelio, la codicia da paso a la generosidad. Nadie te obliga a dar, pero al hacerlo, declaras que confías más en Dios que en tus recursos. La generosidad empieza cuando elegimos ser menos egoístas y más solidarios.
2. Nuestra generosidad debe ser planeada
Pablo enseña que la generosidad no es impulsiva, es intencional. Les aconseja apartar cada semana una porción según sus ingresos. Esto habla de orden, disciplina y planificación. Quien desea dar regularmente debe aprender a organizar sus finanzas. Tener un presupuesto no solo es sabio, es espiritual. Dar con propósito requiere preparación. Una fe madura se refleja también en cómo administramos lo que recibimos y en cómo priorizamos bendecir a otros. Ser generosos no ocurre por accidente, se construye con hábito.
3. Nuestra generosidad debe ser proporcional
Dios no espera lo que no tienes. Pablo deja claro que la medida del dar es conforme a lo que uno ha ganado. Esto elimina la comparación y promueve la equidad. Si esta semana recibiste poco, puedes dar poco. Si Dios te ha bendecido con más, puedes dar más. La ofrenda no es igual en cantidad para todos, pero sí puede ser igual en generosidad de corazón. Esta libertad nos permite dar con gozo, sin culpa ni presión, sabiendo que cada semilla, por pequeña que parezca, tiene valor en el Reino de Dios.

“Quiero hablarles acerca del dinero que van a dar para ayudar a los del pueblo de Dios en Jerusalén. Hagan lo mismo que les dije a las iglesias de la región de Galacia. Es decir, que cada domingo, cada uno de ustedes debe apartar y guardar algo de dinero, según lo que haya ganado. De este modo no tendrán que recogerlo cuando yo vaya a verlos.”
1 Corintios 16:1-2 (TLA)

piénsalo:

  1. ¿Estás dando desde la libertad o desde la presión?
  2. ¿Planeas tus ofrendas o solo das cuando sobra algo?
  3. ¿Estás siendo proporcional en tu generosidad conforme a lo que Dios ha puesto en tus manos?
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