Recibí este mensaje del Señor

Recibí este mensaje del Señor

El 21 de junio, durante el año once de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor:
Ezequiel 31:1 (NTV)

Mientras leía los capítulos correspondientes a nuestro plan anual de lectura bíblica, una frase llamó profundamente mi atención: “recibí este mensaje del Señor”. Esta declaración aparece repetidamente en el libro de Ezequiel, acompañada de una fecha específica. No es casualidad. Ezequiel no solo escuchaba a Dios, también registraba con exactitud el momento en que recibía sus mensajes. Esto nos enseña algo importante sobre la relación con Dios: Él sigue hablando hoy, y nosotros debemos aprender a escuchar, registrar y compartir Su voz con reverencia y responsabilidad.

  • Ezequiel escuchaba con atención a Dios
    No se trata solo de leer por rutina, sino de estar atentos a lo que el Espíritu quiere decirnos. Dios sigue hablando a quienes hacen espacio en su día para escucharlo.
  • Ezequiel escribía lo que Dios le decía
    Anotar lo que Dios nos habla es un acto de fe y obediencia. Nos ayuda a recordar, a meditar y a compartir con otros lo que Él está haciendo en nuestras vidas.
  • Él ponía fecha a los mensajes
    Registrar el día en que Dios habla convierte ese momento en algo histórico. Es una forma de honrar la voz de Dios y valorar Su guía. En el futuro, esas fechas pueden servir como testimonio de la fidelidad de Dios.
  • Dios también quiere hablarnos personalmente hoy
    Cuando oramos y leemos Su Palabra con un corazón dispuesto, podemos recibir dirección específica. El desafío es tener la mente y el corazón lo suficientemente quietos para escuchar con claridad.
  • Compartir lo que Dios nos habla también edifica a otros
    Enviar un devocional, compartir un mensaje en un grupo de conexión o simplemente escribir en un diario puede ser una forma de extender la voz de Dios a quienes lo necesitan.

El 21 de junio, durante el año once de cautividad del rey Joaquín, recibí este mensaje del Señor:
Ezequiel 31:1 (NTV)

Piénsalo:

  1. ¿Estoy tomando tiempo cada día para escuchar con atención lo que Dios me quiere decir?
  2. ¿Escribo lo que Dios me habla o dejo que se pierda en el olvido?
  3. ¿Qué puedo hacer hoy para crear un momento de quietud donde Dios pueda hablarme con claridad?
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