Los vientos
Al soplido de tu aliento, ¡las aguas se apilaron! El impetuoso oleaje se quedó firme como un muro; en el corazón del mar las aguas se endurecieron.
Éxodo 15:8 (NTV)
En el cántico de Moisés, después de cruzar el mar Rojo, se recuerda cómo un simple soplido de Dios cambió el rumbo de la historia. El viento del Señor abrió un camino de salvación para Israel, mientras al mismo tiempo trajo juicio y destrucción sobre el ejército egipcio. Esto nos enseña que los vientos de Dios no son naturales, sino sobrenaturales, y obran en dos direcciones: juicio para unos y bendición para otros. Hoy, como iglesia, podemos orar para que los vientos del Espíritu Santo soplen sobre nuestras vidas, trayendo protección, reposición y bendición.
- Los vientos de Dios producen lo sobrenatural
No fue la fuerza humana la que abrió el mar, sino el soplido del Señor. De la misma manera, en nuestras vidas, lo que parece imposible puede suceder cuando el viento de Dios interviene. - Hay vientos de juicio y vientos de bendición
Para Egipto el viento trajo destrucción, pero para Israel significó libertad. Cuando Dios sopla, cada cosa y cada persona recibe lo que le corresponde. El mismo viento puede separar lo bueno de lo malo. - El Espíritu Santo reposiciona lo que debe salir de nuestra vida
Así como el viento arrastra lo que sobra, oramos para que el Espíritu quite personas, influencias o plagas que no nos convienen. Lo que no edifica debe ser llevado lejos de nuestro entorno. - El viento divino también nos mantiene en el lugar correcto
No se trata solo de que otros sean movidos, sino de que nosotros mismos permanezcamos en el sitio exacto donde Dios quiere que estemos. Allí donde fluye su voluntad, hay éxito y dirección. - Dios también acerca a quienes deben estar a nuestro lado
Así como el viento puede alejar, también puede traer. Personas claves que forman parte de nuestro destino divino serán acercadas, porque están asignadas para cumplir la visión junto a nosotros.
Cuando oramos por los vientos del Espíritu, pedimos que soplen de occidente, trayendo reposición, nuevas oportunidades y bendición para nuestras vidas, familias y ministerios.
Al soplido de tu aliento, ¡las aguas se apilaron! El impetuoso oleaje se quedó firme como un muro; en el corazón del mar las aguas se endurecieron.
Éxodo 15:8 (NTV)
Piénsalo:
- ¿Qué situaciones imposibles en tu vida necesitas que el viento de Dios transforme en un milagro?
- ¿Qué cosas o personas necesitas que el Espíritu Santo remueva de tu esfera de influencia?
- ¿Estás en la posición correcta para que los vientos de Dios te lleven al cumplimiento de tu asignación?