QUEJAS
¡Luego dije: —¡Qué aflicción tengo, madre mía!
¡Oh, si hubiera muerto al nacer!
En todas partes me odian.
No soy un acreedor que pretende cobrar,
ni un deudor que se niega a pagar;
aun así todos me maldicen.
Jeremías 15:10 NTV
A veces nos encontramos abrumados por los problemas que parecen no tener fin. Nos esforzamos en vivir con integridad, actuando con justicia y buscando hacer el bien, pero aun así, enfrentamos dificultades. En esos momentos, podemos sentirnos tentados a quejarnos con Dios, como lo hizo el profeta Jeremías.
- Dios no se enoja cuando nos desahogamos con Él
Jeremías, un gran profeta, expresó su frustración y dolor ante Dios. Esto nos muestra que no está mal llevar nuestras quejas y angustias al Señor. Él nos escucha y comprende nuestras luchas. - No somos los únicos que hemos sentido angustia
A lo largo de la Biblia, vemos hombres y mujeres de fe que pasaron por momentos de desesperación. Job, David y Elías también clamaron a Dios en medio de su sufrimiento. Si ellos lo hicieron, nosotros también podemos hacerlo. - Dios siempre responde con ánimo y fortaleza
La respuesta de Dios a Jeremías no fue de condena, sino de aliento: “Yo cuidaré de ti, Jeremías; tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor en tiempos de aflicción y angustia” (Jeremías 15:11 NTV). Dios nos fortalece en nuestras pruebas y nos recuerda que Él sigue teniendo el control. - La aflicción no es el final de la historia
Aunque en el momento parece que la prueba nos sobrepasa, Dios tiene un propósito mayor. La misma gente que maldecía a Jeremías llegaría a necesitar su ayuda. Lo mismo puede suceder en nuestra vida: lo que hoy nos causa dolor, mañana puede ser parte de nuestro testimonio. - Nuestra confianza debe estar en la fidelidad de Dios
En lugar de quedarnos atrapados en la queja, debemos recordar que Dios nunca nos deja. Su fidelidad permanece y su amor nos sostiene, aun cuando todo parece ir en contra nuestra.
¡Luego dije: —¡Qué aflicción tengo, madre mía!
¡Oh, si hubiera muerto al nacer!
En todas partes me odian.
No soy un acreedor que pretende cobrar,
ni un deudor que se niega a pagar;
aun así todos me maldicen.
Jeremías 15:10 NTV
Piénsalo:
- ¿Has sentido que Dios no te escucha cuando te quejas? ¿Cómo cambia tu perspectiva saber que grandes hombres de fe también lo hicieron?
- ¿De qué manera puedes entregar tus quejas a Dios sin perder la confianza en Él?
- ¿Qué promesas de Dios puedes recordar en momentos de angustia para fortalecer tu fe?