Terminar lo que Dios te dio es madurez
Yo te di la gloria aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste. Juan 17:4
La madurez espiritual no se mide únicamente por cómo comenzamos nuestra carrera en la fe, sino por nuestra capacidad de concluir con fidelidad las asignaciones que el Cielo nos ha confiado. En el huerto de Getsemaní, Jesús pronunció estas palabras poderosas que reflejan el cumplimiento perfecto de Su propósito. Muchos inician proyectos, ministerios o disciplinas espirituales con gran entusiasmo, pero pocos tienen la constancia para llevarlos a su término. Terminar lo que Dios nos ha encomendado es la mayor expresión de amor y obediencia que podemos ofrecer a nuestro Padre.
- La gloria de Dios a través del cumplimiento Jesús enseña que dar gloria al Padre está directamente ligado a completar la obra. Nuestra vida glorifica a Dios no solo por nuestras palabras, sino por la persistencia en terminar las tareas, grandes o pequeñas, que Él ha puesto en nuestras manos.
- El enfoque en la asignación específica Jesús no intentó hacer todo lo que el mundo demandaba, sino “la obra que me encargaste”. La madurez implica discernir cuál es nuestro llamado específico y decir “no” a las distracciones para decir “sí” con excelencia a lo que Dios diseñó para nosotros.
- La superación de los obstáculos en el camino Llegar a la meta requiere vencer el cansancio, la crítica y la tentación de abandonar. Terminar una obra significa que hemos permitido que el carácter de Cristo se forme en nosotros, dándonos la templanza necesaria para no dejar las cosas a medias cuando el camino se pone difícil.
- La satisfacción de la labor concluida Hay una paz profunda que solo experimenta quien puede mirar atrás y saber que ha sido fiel hasta el final. Esta satisfacción no es orgullo humano, sino el gozo del Espíritu que nos confirma que hemos administrado bien el tiempo y los recursos que se nos otorgaron.
No permitas que tu vida sea un cementerio de proyectos inconclusos o promesas rotas delante de Dios. La madurez se demuestra en la milla extra y en la fidelidad diaria a los compromisos que adquirimos con el Reino. Hoy es un buen día para retomar aquello que dejaste a medias y pedirle al Espíritu Santo la fuerza para concluirlo. Al hacerlo, no solo estarás creciendo en carácter, sino que estarás preparando tu corazón para escuchar un día de labios de tu Señor: “Bien hecho, siervo bueno y fiel”.
Yo te di la gloria aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste. Juan 17:4
Piénsalo:
- ¿Qué tarea o compromiso espiritual he dejado a medias recientemente y qué me ha impedido terminarlo?
- ¿Cómo cambiaría mi perspectiva si viera el cumplimiento de mis responsabilidades diarias como una forma de dar gloria a Dios?
- Haz una lista de dos cosas que Dios te ha encargado (en tu familia, iglesia o trabajo) y establece un paso práctico para avanzar hacia su conclusión esta semana.